Wednesday, November 22, 2006

Diario de Nueva York (o sobre O.J. Simpson)


Que la televisión es un nido de esperpentos no hace falta que se lo descubra un servidor. Sin embargo, el medio por excelencia es capaz de sorprender –para mal- incluso al más pesimista.

Hace pocos días, la cadena FOX presentó el lanzamiento de un documental-entrevista previsto para finales de este mes bajo el titulo “If I did it” (Si lo hice). El título de este espacio –también de un libro homónimo de Judith Regan- se refería y tenía por protagonista a uno de los esperpentos televisivos por excelencia en los Estados Unidos. Un monstruo al que creíamos encerrado y domesticado pero que contraataca de vez en cuando.


Les hablo de O.J. Simpson, protagonista de lo que muchos todavía llaman en este país “el juicio del siglo”, un proceso de más que dudosa resolución que sumió al país en un debate racial sin precedentes. Pues bien, resulta que –en este programa- O.J. cuenta (y perdonen la confusión dialéctica) como, en el caso que hubiese matado a su exmujer Nicole Brown Simpson y a su amigo Ronald Goldman, lo habría hecho. Es decir; él no lo hizo, pero si lo hubiese hecho –que no- lo hubiera hecho de este modo en el que no lo ha hecho, etc.

La cosa es digna de Lacan; una vez perpetrado el crimen y absuelto el criminal, éste no tiene más remedio que cargar con sus culpas escenificando lo que no ha sido pero podría haber sido (es decir, “lo real”). Un esperpento psicoanalítico que, en una decisión acertada, ha sido cancelado por obra y gracia de Rupert Murdoch, presidente del grupo FOX, quien también ha pedido disculpas a las familias de las dos víctimas por su evidente mal gusto.

Un gesto, el de Murdoch, igualmente curioso y bastante parecido al de su amigo OJ. El magnate no acabará proyectando el documental en las pantallas de la FOX. Sin embargo, en el caso de haberlo lanzado, lo habría lanzado como tenía previsto lanzarlo; es decir, un documental que no es lanzado sobre un acusado que no mató a su exmujer acaba no siendo lanzado por un empresario que, de lanzarlo, caería en un evidente mal gusto en el que no cae. Joder, que complicado, no?

Tuesday, November 14, 2006

Diario de Nueva York (o sobre Picasso e hijos)


En un tiempo en el que los museos se parecen cada vez más a enormes cajas de zapatos caros, es bueno acercarse al Whitney para ver un par de exposiciones que –a parte de exhibir arte remarcable- explican cosas, se mojan e instruyen.

“Picasso and American Art” pretende mostrar la influencia del pintor español en los creadores norteamericanos que tuvieron su acmé en la década de los treinta (léase Max Weber, Stuart Davis, John Graham, Arshile Gorky, Willem de Kooning, David Smith, Jackson Pollock, Roy Lichtenstein, y Jasper Johns).

Gracias a la inteligencia de su curator Michael FitzGerald, uno puede apreciar, por ejemplo, como Max Weber intuyó en su obra –tras ver las Demoiselles- las innovaciones que implicaría el cubismo en la pintura y su determinación espacial, o como Stuart Davis toma prestadas algunas temáticas callejeras utilizadas por anteriormente por Picasso. Algunos parecidos –como el retrato que hace Gorky de su madre, a imitación de la Mujer de Blanco- son realmente interesantes de apreciar.

Otras concomitancias temáticas, quizás un poco más forzadas, nos vuelven a traer al Guernika, cuya influencia se ata a las primeras telas de Pollock y de Koonig. Las investigaciones de FitGerald, documentadas en un estupendo catálogo, muestran como un autor tan distante (en apariencia) como Roy Lichtenstein veneró a Picasso y le tuvo en consideración para elaborar los cimientos del Pop Art. Obras conocidas y famosas, pero que –en definitiva- puestas juntas cobran un sentido mucho más vivificador, a parte de demostrar, nuevamente, la superioridad del padre con respecto a la familia numerosa…

Si tienen tiempo y ganas al acabar de ver esta muestra, en el piso superior del Whitney, el museo ha desplegado sus mejores pinturas de Eduard Hopper (obras también sobradamente conocidas) pero acompañadas de los numerosos bocetos preparatorios del autor, unos dibujos que muestran como la aparente facilidad del mejor pintor que han tenido los yankees son fruto de un esfuerzo tentativo constante. El arte cuesta, vamos…

Dos propuestas que, al menos, convierten al museo de la calle 75 en algo más que un hotel de pinturas de lujo. Como dicen los críticos de arte, en una frase que abomino, no se las pierdan.

Wednesday, November 01, 2006

DIARIO DE NY (o el personalismo electoral)

La concomitancia de dos procesos electorales en mis respectivas patrias (la de nacimiento y la de adopción) me ha sumido en un sándwich de comicios bastante difícil de digerir. Comparar estas dos elecciones (catalanas y estadounidenses, aclaro) podría parecer un ejercicio bastante surreal. Igualmente, me han sorprendido ciertos comportamientos estéticos que he detectado en el quehacer de los políticos catalanes que responden a hábitos mucho más cercanos a lo yankee que a la realpolitik de la vieja Europa.

Se acostumbra a decir –creo que justamente- que la política estadounidense es mucho menos partidista que la europea y mucho más personalista. Ello es así hasta el punto de que incluso vemos como los políticos europeos se mofan de la importancia que, para el electorado norteamericano, tienen aspectos personales y vitales de los políticos a elegir. Cierto es; uno no puede dejar de asombrarse ante la obsesión que tienen los estadounidenses con las creencias, los valores familiares o los deslices morales de sus mandatarios; ya saben a lo que me refiero…

Sea como fuere, me ha sorprendido ver cómo la campaña electoral catalana se ha centrado de una manera alarmante y cotillera en la vida de sus presidenciables. El diario La Vanguardia, por ejemplo, ha publicado unas magníficas entrevistas de Joana Bonet con las mujeres de cada candidato, a través de las cuales me he podido enterar –entre otras cosas- de que Artur Mas quiere aprender a planchar o que Joan Saura tiene hecha la vasectomía. Por otro lado, estrategias como las de ERC, que presentó a sus candidatos afeitándose o practicando el bricolaje, son cada vez más habituales.

Este giro no es casual; en Cataluña, todos los presidenciables –que saben perfectamente, resultados en mano, que deben pactar para formar un gobierno estable- han querido alejarse del discurso ideológico para resaltar su perfil personal. Querían así que nadie pensase en alianzas ni en futuros pactos ideológicos (unos pactos que, historia en mano, aceran a CIU al PP y mantienen más unido al tripartito). Un miedo que, por otro lado, certifica la inmadurez preocupante de la política catalana y española, muy poco acostumbrada a mezclar colores.

Esta personalización de la política catalana, insisto, ha acercado los métodos de captación del electorado (recuérdese el famoso DVD de CIU) a prácticas muy habituales en Estados Unidos. Sería deseable, igualmente, que esto viniese acompañado por un quehacer en donde los individuos de las formaciones políticas pudiesen –alguna vez- discrepar de las decisiones de su propio partido. De esa manera, al acercamiento publicitario de los políticos al electorado (el famoso “som com som” republicano) podríamos sumar el acercamiento de los políticos a la independencia intelectual. Sería un detalle.