Diario de Nueva York (o sobre Picasso e hijos)

En un tiempo en el que los museos se parecen cada vez más a enormes cajas de zapatos caros, es bueno acercarse al Whitney para ver un par de exposiciones que –a parte de exhibir arte remarcable- explican cosas, se mojan e instruyen.
“Picasso and American Art” pretende mostrar la influencia del pintor español en los creadores norteamericanos que tuvieron su acmé en la década de los treinta (léase Max Weber, Stuart Davis, John Graham, Arshile Gorky, Willem de Kooning, David Smith, Jackson Pollock, Roy Lichtenstein, y Jasper Johns).
Gracias a la inteligencia de su curator Michael FitzGerald, uno puede apreciar, por ejemplo, como Max Weber intuyó en su obra –tras ver las Demoiselles- las innovaciones que implicaría el cubismo en la pintura y su determinación espacial, o como Stuart Davis toma prestadas algunas temáticas callejeras utilizadas por anteriormente por Picasso. Algunos parecidos –como el retrato que hace Gorky de su madre, a imitación de la Mujer de Blanco- son realmente interesantes de apreciar.
Otras concomitancias temáticas, quizás un poco más forzadas, nos vuelven a traer al Guernika, cuya influencia se ata a las primeras telas de Pollock y de Koonig. Las investigaciones de FitGerald, documentadas en un estupendo catálogo, muestran como un autor tan distante (en apariencia) como Roy Lichtenstein veneró a Picasso y le tuvo en consideración para elaborar los cimientos del Pop Art. Obras conocidas y famosas, pero que –en definitiva- puestas juntas cobran un sentido mucho más vivificador, a parte de demostrar, nuevamente, la superioridad del padre con respecto a la familia numerosa…
Si tienen tiempo y ganas al acabar de ver esta muestra, en el piso superior del Whitney, el museo ha desplegado sus mejores pinturas de Eduard Hopper (obras también sobradamente conocidas) pero acompañadas de los numerosos bocetos preparatorios del autor, unos dibujos que muestran como la aparente facilidad del mejor pintor que han tenido los yankees son fruto de un esfuerzo tentativo constante. El arte cuesta, vamos…
Dos propuestas que, al menos, convierten al museo de la calle 75 en algo más que un hotel de pinturas de lujo. Como dicen los críticos de arte, en una frase que abomino, no se las pierdan.

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