Wednesday, September 06, 2006

DIARIO DE NEW ORLEANS (04-09-2006)

DIA V (4-09-2006)

9.00 AM; Mis compatriotas norteamericanos celebran hoy el Labor Day, un día en el que el país –y pasa muy pocas veces- se para completamente. Imposible trabajar, por lo que me dirijo a uno de los espacios históricos de New Orleans, el Algiers, un barrio al que se llega cruzando el Mississipi en un Ferry. En Algiers, la FEMA tiene instalado su campo base, en donde –también en caravanas- viven muchos de sus trabajadores y alguna de la gente que todavía no ha podido volver a sus casas.

Algiers es un barrio muy acogedor, predominantemente blanco pero con familias negras perfectamente integradas en su tejido social. Sus casitas son muy agradables y pocas de ellas fueron destruidas por el huracán, que solamente dejó algunos desperfectos en la zona, causados por el fuerte viento y (eso no lo habíamos mencionado todavía) por la puñetera manía de los norteamericanos –incomprensible en un país como el suyo, con tanta inclemencia de tiempo- de construir a base de madera y plástico.

Paseando por Algiers, veo una pancarta bastante llamativa en un trailer de la FEMA; es una pancarta de soporte para la reelección del alcalde Nagin, un mandatario duramente criticado (aunque reelegido ampliamente hace pocos meses) por su gestión del Katrina y que –pese a ser negro- consiguió su victoria obteniendo el setenta por ciento del voto blanco y solamente el veinte por ciento del de su propia raza.

Del trailer de la FEMA sale, curiosamente, un hombre negro que trabaja para la organización. Es Charles, un expresivo y teatral brother de cuarenta años y miradas histriónicas. Charles no tiene mucha pinta de querer hablar del estado de su ciudad, pero lo que empieza con unos pequeños comentarios monosilábicos se convierte en breve en una de las mejores y más relevantes conversaciones que he podido tener en New Orleans.

En el Lower, vi a muchos negros criticando al alcalde y a la FEMA. Ahora estoy delante de un negro que apoya al alcalde y es trabajador de la organización; quien quiera mejor surte que la mía que la busque. En primer lugar, Charles me aclara uno de los puntos de mayor controversia en lo que toca al proceso de evacuación; a saber, el conocimiento del abasto de la tragedia y el aviso en las evacuaciones. “Lo que pasó en el Lower está muy claro. Yo mismo fui a avisar a los vecinos que se largasen de esa zona. Lo hicimos un día antes de que pasase todo el lío. Un día! Pero la gente no se quiso marchar. Yo me marché de mi casa a Houston y tarde unos días en volver; pero ellos no quisieron hacernos caso, y así les ha ido.”

Como trabajador de la FEMA, es muy difícil que Charles (que habla conmigo largo y tendido pero que, cáspita, no me deja grabarlo) me dé una visión crítica de la entidad que lo emplea. Sin embargo, su visión es más matizada que la de Alberto A. Pillot; “La FEMA es un órgano ejecutivo. Nosotros dependemos de lo que el gobierno federal nos da. ¿Pero qué nos ha dado el gobierno? Ellos hablan de billones de dólares; pero lo cierto es que los recursos que hemos recibido han sido horribles.”

Primer dato importante; falta de dinero. Pero Charles no solamente me hablará hoy de pocos recursos. También tiene otros temas más candentes que contarme; “Mira; una semana después del Katrina, Halliburton (la empresa de la que el vicepresidente Cheney fue directivo) obtuvo un contrato de cuatrocientos millones de dólares para reconstruir la zona. De este dinero, en infraestructuras, nosotros no hemos visto nada. Y cuando digo nada es nada. Todo este dinero se perdió en subcontrataciones. Pero de esto la gente no tiene ni puñetera idea! Y nadie protesta!”

Charles está muy enfadado, es cierto. Y su enfado tiene tintes de amargura. “Yo voté a Bush en las primeras elecciones porque pensaba que tenía una visión buena del país. Pero me equivoqué como tantos. Nosotros procesamos a Clinton por mentirle a su mujer, y este señor –que tanto nos ha mentido- todavía está en la calle. No le volvería a votar ni que me pagasen un millón de dólares. Dijo que daría muchos recursos y que daría mayor cohesión a las administraciones de New Orleans. Y no ha hecho nada por nosotros. Solamente pasearse por aquí con helicóptero.”

Ex-votante de Bush, que ahora dispara andanadas contra él. Charles no puede ser más claro; “Mira; lo interesante después de una tragedia que afecta una zona es intentar que las empresas de esa zona participen en la reconstrucción de ese espacio. ¿No crees que eso sería lo sensato? ¿Pues a que no sabes de dónde son las empresas que están construyendo en New Orleans? No lo adivinas? Pues de Texas y de Florida. Lo de Texas ya te lo puedes imaginar. Y lo de Florida… tío, si todavía no sabemos que pasó con cientos de bolsas de votos que se tiraron a la calle! ¿Y el hombre que es responsable de esta vergüenza no puede ser juzgado? Eso es algo terrible para nuestro país!”. Nada que añadir, amigo.

Charles se desfoga a gusto. Cuando le dijo que a mi me parece que el Katrina no ha hecho sino disparar algunos de los problemas que tenía la ciudad, Charles asiente y me ametralla con ejemplos. “Mira, en este mismo barrio, nosotros echamos al último jefe de distrito por incompetente. Votamos a un nuevo equipo de gobierno pensando en que llegarían nuevas caras. ¿Pero te puedes creer que el nuevo jefe se quedó exactamente con las mismas personas? ¿Tu te imaginas que Bush se hubiese quedado con la misma gente que tenía Clinton en su administración?”

Las causas ocultas de New Orleans, para Charles, son muy claras. Y creo que acierta como un gran tirador. “Mira, aquí el problema no es lo material. A mi la FEMA no me soluciona la vida aunque me pague cien mil dólares. Una sociedad no se arregla con cheques. Lo que tienes que hacer es que la gente tenga educación. Yo, gracias a Dios, nací en un barrio en el que pude tener escuelas. Hay muchos niños que no pueden, y que –sin ser su culpa- acaban metiéndose metadona en las calles. Yo los he visto, y he visto a la policía sacándoles de la cárcel al día siguiente. Por qué no intentamos acabar con el comercio de drogas, que es lo que lleva a esos chiquillos al crimen? No, nosotros siempre acabamos con la cabeza metida en la tierra ignorando nuestros problemas.”

Evidentemente, existe un tema que mi contertulio y yo no podemos olvidar. Directo y claro, le pregunto a Charles si existe racismo en New Orleans. “Te seré absolutamente sincero. No existe solamente racismo en New Orleans. La administración federal que nos gobierna es –en un noventa y nueve por ciento- racista. Mira, yo soy miembro de la FEMA y soy una persona de clase media y –creo- de buena apariencia. ¿Pues te puedes cree que cuando iba a los barrios la policía me paraba el coche y no me dejaba pasar sin mostrar mi licencia? Te voy a poner un ejemplo; hace meses, un pobre chico negro, retrasado mental, se paseó por las calles de la ciudad amenazando a la gente. ¿Sabes cuantos policías estuvieron en esa misión? Ochocientos! ¿Sabes lo que pasó cuando decenas de ellos le encontraron y lo rodearon? Simplemente; le machacaron a tiros. Hace pocos días tuvimos un atraco de unos chicos blancos en una casa de por aquí. La policía, en esa ocasión, se esperó dos días a que ellos se entregasen. Y solamente tenían una patrulla ahí metida, para un atraco que se hizo con un coche que golpeó en un escaparate. ¿Y por qué? Pues por el color de la piel, y por nada más.”

Lo que debía ser un paseo turístico más se ha convertido en una de las conversaciones más reveladoras de mi estancia. Charles me ha hablado de una New Orleans que insiste en evitar sus problemas mas básicos; “Somos siete barrios que podríamos aportar mucho a los problemas de los otros; pero no existe ni un comité en el que se reúnan todos los miembros! Ni siquiera existe una coordinación con el resto del estado! Esto es lo que nos está matando; que a ti tu coche o tu casa se te rompa, al final, te da igual; pero estos problemas son los que necesitan un plan. ¿Y como quieres que nuestro presidente tenga un plan si solamente se pasea por aquí en helicóptero?”

Aunque hablamos durante casi una hora, me sabe mal despedirme de Charles. Es un hombre de esos que, al mirarlos, entiendes perfectamente que te están contando no ya la verdad –que es algo que cada día me interesa menos- sino lo que sienten. Charles ha insistido en una idea de la que por desgracia muy poca gente habla en New Orleans. La educación; esas escuelas que me dolieron cuando las pude ver vacías son la clave para que esta ciudad pueda llegar a hacer dialogar unos lenguajes que parecen irreconciliables. Lo decía ya mi amigo Sócrates, y he tenido que venir aquí para recordarlo nuevamente; el peligro siempre está en la ignorancia de los que no saben o en la soberbia de los que creen saber. Hasta aquí tengo que venir para recordarlo…

4.00 PM; Tras la comida, aprovecho la ocasión para verme con una periodista de la zona. En Veterans Boulevard (casi a la altura del aeropuerto en Kennet) me espera Brenda Murphy, editora jefe del periódico “Jambalaya News”, el único periódico en lengua española que hoy se edita en New Orleans. El Jambalaya es una publicación quincenal totalmente gratuita, que vive de sus anunciantes. Con Brenda hablamos de su situación y de la de los hispanos. Está muy contenta porque su periódico tiene lo que debe tener cualquier publicación que se preste; enemigos.

“Lo que necesitamos los hispanos en New Orleans son medios para tener fuerza; cuando tengamos medios podemos presionar a las administraciones.” Brenda, al buscar culpables, también hace recaer las culpas en el gobierno federal. En lo que toca al tema de la raza, realiza una aportación esencial e importante; “Yo te puedo decir que he visto a los hispanos y a los negros marchando juntos en la manifestación que organicé por el primero de Mayo, que fue la primera de la historia de la ciudad. Lo que pasa es que existe una clase dirigente a la que le interesa echar una cortina de humo para que los inmigrantes se peleen y se olviden de reclamar a las administraciones lo que les tienen que reclamar.”

Cuando hablamos del futuro de New Orleans, Brenda me aporta una idea interesante; “en el futuro –afirma- seremos una ciudad muy bella, muy futurista, pero también muy cara; la gente se cree que ahora venir a New Orleans es una ganga, pero los pisos están subiendo por la especulación y no hay recursos de primeras materias; las materias tienen que llegar desde fuera y eso lo encarece todo.” Como otros ciudadanos de New Orleans, Brenda sabe que su ciudad está condenaza a encarecerse y a hacerse más pequeña. Cuando le digo quién se va a forrar en este asunto, me recuerda algo tan fácil como sempiternamente verdadero. “Aquí se va a hacer rico el que tiene más; porque el que tiene dinero siempre lo va a tener más fácil.”

Otra verdad universal del tío Carlitos que debo venir aquí para poder confirmar de nuevo…

1.00 AM; Última noche en la ciudad. Un paseo por el Mississipi, que está desierto. En Alberto’s, uno club roñoso del French Quarter, están acabando un concierto y aprovecho para arrancar mis últimas notas de las calles. Como dice la canción que cierra la noche, “you broke my heart, but it’s alright”. Me has roto el corazón, pero está bien. Como New Orleans. Una ciudad rota, inservible y desierta, pero que debo dejar mañana… y siento lástima; pero está bien…

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