DIARIO DE NEW ORLEANS (02-09-2006)
DIA III (02-09-2006)
9.00 AM; Es hora de conocer la versión oficial de la FEMA en todo este embrollo. La FEMA es una organización que depende del departamento de “Homeland Security” y que se encarga de gestionar desastres naturales y emergencias en todo el país. Me llama Alberto A. Pillot, Public Affairs de la FEMA en New Orleans; me cito con él en el cuartel general de la entidad, en West Park. Alberto es un simpático puertorriqueño de trato enormemente agradable y risa fácil. Me recibe acompañado de uno de los miembros/portavoces de la organización, que –según me cuenta- estará presente en la entrevista como trainer (una especie de jefe de personal que evalúa a sus empleados). Sin embargo, ante cualquier pregunta comprometida o difícil (en una situación como estas, todas lo son) Alberto siempre me pide que pare mi grabadora y, antes de contestar, comenta mi pregunta (en inglés) con el tipo que nos acompaña, que le da algunas consignas generales sobre lo que debe decir. En resumen, una entrevista a dos bandas bastante curiosa.
Alberto expone los principales trazos del proceso de recuperación de New Orleans. Un año después del Katrina, “FEMA ha seguido trabajando para ayudar a los ciudadanos y terminar el trabajo iniciado hace un año; en primer lugar, tenemos un plan de asistencia individual de inquilinos; en segundo lugar, existe un plan de asistencia pública en reparación de hospitales, puentes, carreteras, escuelas o cualquier servicio público; la tercera parte, finalmente, mira hacia el futuro, para mitigar posibles catástrofes y ayudar a que tengamos mejores medios para pararlas.”
Al preguntarle por un futuro del que, por el momento, todos dudan, mi entrevistado insiste en el papel preventivo que su organización intenta resaltar; “FEMA intentará tener un plan para preparar y construir mejor las viviendas, para tener mejores planes de desalojamiento en caso de huracanes; hasta ahora, hemos impulsado subvenciones de 4.2 billones de dólares en ayudas para esta preparación; queremos que la gente sea más consciente de que hay que estar mejor preparado.”
Por otro lado, afirma leyendo intermitentemente un prospecto de la entidad, la FEMA “ha dado 4.8 billones de dólares para la reparación de puentes y carreteas, unas infraestructuras como el Super Dome (el estadio en donde los refugiados se apelotonaron días después del huracán) –que costó cien millones de dólares. También hemos retirado muchos escombros; tantos como 99 millones de yardas de basura y desperdicios.”
Cuando de pregunto por la gente del Lower y otros barrios afectados, Alberto insiste que “la FEMA no deniega ni ha denegado ayuda a nadie; todo el mundo puede solicitar ayuda llamando a nuestros números. Tenemos mucha gente trabajando en nuestros centros; a veces, la gente no se atreve a llamar porque no está informada, pero nosotros –insiste nuevamente- estamos aquí para ayudar.” Igualmente, mi entrevistado admite el valor temporal de sus ayudas, unas ayudas que –sin embargo- deben estar ahí hasta el final de la tragedia; “FEMA es una agencia de ayuda temporal; queremos que todo el mundo vuelva a trabajar, vuelva a vivir su vida anterior. No queremos que la gente viva así toda la vida, queremos que echen para adelante y por ello les proveemos con un dinero temporal. Esta situación no es para vivir toda la vida; el propósito es que vuelvan a su hogar.”
La labor de prevención y de recuperación de la FEMA, no obstante, no parece tener un final claro; “el tiempo de recuperación es indefinido; no hay un número de días ni una fecha que pueda determinar esta situación. Mucha gente depende de las ayudas para volver a sus casas; y las ayudas están llegando. Los “trailers” no son como una casa; pero con la gente que hablo ya me cuentan que son como su hogar. Ellos están satisfechos y están con su familia. El tiempo dirá, pero yo creo que están contentos con la FEMA”
13.00 PM; Al acabar la entrevista, como con Alberto en un restaurante chino del barrio de Lakeview, una zona enormemente afectada por el Katrina (está justo al lado de uno de los diques que se desbordaron). Alberto, ahora más suelto y “sin vigilancia”, se explica con mucha mejor soltura y precisión. “La gente pretendería que la FEMA pudiese darles cien mil dólares a todo el mundo, para construir una casa. Pero ellos se tienen que dar cuenta de que eso es imposible; nosotros solamente podemos cubrir las primeras necesidades de las personas; podemos reparar techos, instalar electricidad en las casas. Pero no podemos devolverles a las personas todos sus bienes sin que éstos sean de primera necesidad. No podemos comprarles un televisor, o una moto para sus hijos.”
En el coche, Alberto me muestra las estaciones de bombeo de la ciudad, unos almacenes enormes que bombean el agua de los diques hacia el lago. El día del huracán, las estaciones estuvieron paradas porque en el estado se había declarado la evacuación total de la zona y no se pudo hacer nada; “La gente tiene que tener en cuenta de que nadie esperaba algo así. Nosotros nunca habíamos vivido una tragedia que afectase a tanta gente; este año la FEMA ha recibido un millón y medio de solicitudes de ayuda! Si miras esta zona en la que estamos (señala la carretera y un puente de unos diez metros de altura) todo esto estaba absolutamente lleno de agua. Nadie podía esperar una cosa así.”
14.00 OM; Al acabar de comer, paseo por el barrio de Lakeview; si bien el efecto del Katrina fue igual de terrible en este lugar como el Lower, este barrio parece tener (aunque uno puede ver algunos coches destrozados e incluso botes y barquitos en las calles) un aspecto un poco mejor. Las casas, bastante más señoriales, están –muchas de ellas- fabricadas en piedra o cemento, lo cual ayuda en estos casos.
El azar del mal periodista que soy hace que mi primer entrevistado –al que encuentro intentando rellenar su coche en una gasolinera medio abandonada- sea Emile “Peppi” Bruneau, un representante estatal del distrito 94 de Louisiana. Bruneau es un simpatiquísimo sesentón con piel color de gamba y orígenes europeos, contentísimo porque se va a buscar a su novia, que viene de Los Ángeles; se nota que sabe lo que piensa y lo dice sin tapujos. El barrio de Lakeview, me cuenta, “es un barrio muy fuerte, de clase media y alta, compuesto básicamente por propietarios. Mucha de la gente que vive aquí nació aquí y construyó aquí sus casas. Nosotros lo construimos y, en comparación con algunas zonas de la ciudad afectadas por el huracán, estamos muy bien. Volveremos aquí, y éste será un barrio mucho más joven, pero –aun así- será una zona muy bonita para vivir.”
Según Bruneau, hay muchas casas de Lakeview –algunos negocios, también- que podrán ser ocupadas en poco más de un mes. Él tiene su edificio alquilado a un precio un poco superior del que él pagaba; su hijo menor tiene una casa en la calle veintidós, que quedó muy dañada; “es una casa de cemento que va a tardar un poco más en reconstruirse; mi hijo mayor vive también aquí y acaba de derruir su casa, aunque ya tenia planes para hacerlo; el huracán le dio más prisa. La mía, que estaba un poco más lejos de los diques, estará lista, según me dicen, a principios de octubre”
Cuando le hablo a Bruneau de lo que pude ver ayer, y de los cabreos de la gente con la FEMA, su respuesta es tajante; “Mire, si usted espera a que el gobierno tenga cuidado de su vida, puede esperarse para siempre. Particularmente, con la actual gobernadora de este estado. La gente habla de la FEMA, pero lo que la gente debe entender es que América es una república federal. El gobernador debe declarar un estado de emergencia, un estado que debe apoyar el presidente… y éste es un proceso muy lento. Las cosas son así. A mi no me ha gustado nada como la gobernadora Blanco ha llevado la gestión; mejor dicho, no ha habido gestión en absoluto.” Existe un dato de esa falta de gestión gubernamental que me llama mucho la atención; “Aquí, por ejemplo, penalizamos a la gente en su declaración de impuestos si pide un seguro de inundaciones. Eso es ridículo!”.
Ya que los responsables de la FEMA no han sido muy explícitos en las labores de reconstrucción, pregunto a mi interlocutor si se está haciendo lo necesario para solventar esos problemas de manera adecuada, para que no pase lo mismo; “Si y no. Este tema lo conozco bastante bien; esto es (mirando al muro del este del barrio) un muro de retención de un canal de drenaje que asiste al note de la ciudad. Ahora lo están hundiendo un poco más, para hacerlo más profundo. Yo estoy tranquilo, porque este vecindario no es muy profundo. El problema fue que las bases del canal no eran lo suficientemente profundas; ahora dicen que las están haciendo más resistente Aquí nunca habíamos tenido inundaciones de ese tipo; si lo hacen así, estaré tranquilo. ”
Cuando le pregunto por el futuro de la ciudad, Bruneau me regala nuevamente con una predicción muy sincera; “Mire. Para serle honesto; yo creo que Saint Bernard Parish, la parte este de Flackwin Parish y todo lo que está más abajo del Industrial Canal (menos un pequeño puente que está en el Mississipi) probablemente nunca volverá a estar habitada. A pesar de todas las protestas, y teniendo en cuenta que el Mississipi Outlet está cerrado, no tiene sentido volver a abrir esa zona, porque se inunda muchas veces. Esta no es la primera ni sería la última.
En lo que toca al retorno de la gente, la respuesta es lapidaria; “para serle honesto, no creo que esta gente (los habitantes del Lower) vuelva nunca a la ciudad. Alguna gente volverá, claro, pero mi intuición me dice que no; si no tienes una propiedad y no has vuelto hasta ahora, cada día que pase lo hará menos probable. Llevas a los niños a la escuela... ya sabe. Además, todas las casas de esos barrios –menos el de Saint Thomas- eran casas construidas en los años treinta y no servían ni para subsistir. No hay muchas cosas para reencontrar allí.. Además, para la gente que alquiló y no tenía ningún negocio… no creo que vuelvan, vaya.”
Dada la sinceridad con la Bruneau me está contando su punto de vista, no puedo dejar de sacar el tema implícito del racismo en la ciudad; “Déjeme mostrarle algo. Desde este dique de ahí hasta el que llega al final del distrito, hay unas dos millas; desde el lago Ponchartrain hacia el sur, hay unas tres millas. Toda esa zona fue devastada por el Katrina, exactamente igual que todas las zonas más afectadas de la ciudad. Y esta zona es blanca en un noventa y nueve por ciento. Me entiende? Me da igual lo que digan Spike Lee y todas esas visiones desviadas según las cuales los diques de contención afectaron más a las zonas de población negra. Los diques se fueron al traste porque estaban mal construidos; nadie los hizo saltar, me entiende? Mire, yo vivo a dos bloques de aquí, del Orleans Canal, el primero que se construyó en la ciudad. Es un canal de treinta pies de profundidad; el que estamos viendo ahora solamente tiene 12 pies! Esto no tiene que ver con la raza. Hay muchos barrios mixtos en la ciudad; decir que el Lower se inundó más o que tardó más en recuperarse porque es una zona negra, a mi, no me convence. Por otro lado, cualquier persona que quiera trabajar hoy en día en New Orleans, puede conseguir un trabajo bien pagado.”
La visión de Bruneau, no nos tiene que sorprender. Es la visión del propietario de clase media americana. Cuando le pregunto quién debe tomar las riendas de la ciudad, no duda en responder que la solución está en manos de los home owners; “uno tiene que protegerse, volver a tus rutas personales; si viene ayuda del gobierno, bienvenida será; todo el mundo ha tenido los 4300 dólares que necesitaba de la FEMA. Pero el modelo de vida americano es volver al trabajo.” Evidentemente, mi agudo conversador se muestra absolutamente contento con la nueva inmigración que proviene de los países latinoamericanos; “Sé que hay mucha gente a la que le molesta, pero a mí me parece perfecta. Los Hispanos son gente muy trabajadora y muy educada; son un gran impulso a la ciudad.”
A esta predicción se le suma un retrato un tanto melancólico/estoico de New Orleans; “New Orleans ha pasado por incendios, huracanes. La ciudad cambiará, pero lo hará para mejor. Habrá más propietarios y muchas casas viejas van a tener reemplazos.”
Hablar con Bruneau ha sido una experiencia muy interesante. De hecho, lo más curioso del tema es que personas como Bruneau me dicen exactamente lo mismo que algunos habitantes del Lower. Él no dice que esa gente no viva mal, ni que no se merezcan ayuda. Su visión es la de un propietario, de alguien que parte de un modo de vida que no es el de esas zonas. Para él, es algo natural que la gente no pueda volver al Lower; como ha dicho antes, no tendría sentido volver a una zona que puede volver a inundarse. Cada vez estoy viendo con mayor claridad que, en esta ciudad, cada uno –con los mismos hechos- tiene su propia e inexpugnable razón.
11.00 PM; New Orleans, en la calle Frenchmen. Amy me lleva al DBA a escuchar un poco de gipsy jazz; una gozada. Aunque estemos en una ciudad con una tristeza enorme, el gintónic de Tanqueray sabe igual de dulce. Y tenemos ganas de reírnos; y lo hacemos.

1 Comments:
Hemos encontrado su blog casualmente y verle en la foto nos ha hecho recordar aquellas clases de estética con el doctor Caja a las que asistíamos con usted. Intercambiamos cuatro comentarios banales en los pasillos del aulario, pero su persona pasará a formar parte del recuerdo que tenemos de la Facultad, junto con el propio Caja, la amable secretaria a la que pagábamos la matrícula o el gatito con cascabel que decían que estaba enfermo.
Se le saluda, Don Dedéu.
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