DIARIO DE NY (28/08/2006)
Que Internet ha cambiado enormemente nuestras vidas es algo tan tópico como cierto. Hace pocos días, el Times dedicaba un par de artículos a una de las páginas más famosas y visitadas del planeta. Se trata de Youtube, un website en el que los que tienen mucho tiempo libre (me cuento entre ellos) cuelgan y ven videos de lo más curiosos, unos vídeos que llegan a los cien millones de unidades por día.
Más allá de la anécdota, es paradigmático ver como algunas de las piezas incluidas en la página han llegado a tener una fama inusitada. Hace pocos días, algún usuario de la página colgó en ella un video del senador republicano George Allen (que aspira a la reelección en noviembre por el estado de VIrginia) en el que, en medio de un meeting, llamaba “macaca” (una especie de mono asiático que es, a su vez, un insulto racista) a un joven representante de su opositor, de origen indio.
El hecho más remarcable –a parte del racismo inexcusable en un senador, por cierto, con explícitas aspiraciones presidenciales- es un hábito que muchos estrategas de campañas electorales han establecido como normal; filmar a sus oponentes esperando un gazapo o un desliz que los ponga en evidencia. El gazapo, colgado en Youtube, deviene prácticamente universal, y –en casos como los de Allen- fatalmente definitivo, a la espera –claro está- de los votantes de Virginia (como dijo el gran John Stewart, ser racista en Virginia también puede ser una ventaja)
Hace pocos días, otro video de Youtube tuvo la misma suerte, ahora por motivos más agradables. Uno de los primeros “nuevos famosos” de la lista Youtube es un chaval llamado Jeong-Hyun Lim, que hace ocho meses colgó un impresionante arreglo para guitarra eléctrica del famoso Canon en Re Mayor de Johann Pachelbel. Un vídeo que ha sido visto por millones de personas y que ha suscitado diversas disquisiciones sobre si alguien tan joven podía tocar con tal maestría la guitarra, al mismo tiempo que muchos han querido aprovecharse de su autoría primeramente anónima.
Internet, por otro lado, también explota situaciones surreales. Otra vez en el Times, hace una semana, un artículo explicaba algo muy curioso que ha sucedido en las páginas de Amazon, el conocido website en el que muchos compramos libros o música de manera compulsiva. No sé por qué ni cómo, llegó a poder comprarse en la página un típico galón de leche Tuscan, un producto (estaremos de acuerdo) sin mucha gracia poética y que –por otro lado- bastante más sencillo de comprar en el supermercado de al lado de casa.
Pues la poesía empezó cuando, en la habitual sección de reviews (comentarios) que acompaña cualquier producto de la página, los comentarios sobre la leche afloraron sin parar. Disquisiciones sobre su gusto, reflexiones sobre su composición química, idas de olla sobre su posible uso erótico...
La cosa puede parecer estúpida, pero no lo es tanto si nos acordamos del sueño de algunos de los artistas más carismáticos del Pop Art; convertir objetos absolutamente banales en auténticas obras de arte o –al menos- objetos susceptibles de análisis estético. Los conservadores dirían que, manque pese, la leche es la leche. Pero conseguir cientos de comentarios de un objeto casual, estarán también de acuerdo, puede llegar a ser la leche…

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