Wednesday, August 23, 2006

HILLARY FOR PRESIDENT?

Hillary Clinton es una de esas maquinas políticas que no deja indiferente a nadie. La senadora demócrata del estado de Nueva York, reciente portada en el semanario Time, prepara incansablemente su más que posible reelección en los comicios de Noviembre. Por otro lado, nadie puede ocultar que Hillary (cuyo equipo, de casi cincuenta personas, ya ha reunido más de treinta y tres millones de dólares en funds) tiene a las presidenciales del 2008 en mente.

Los “síntomas presidenciales” son evidentes; Hillary, antes conocida por su progresismo exacerbado en asuntos tan delicados como la sanidad o el derecho al aborto, ha virado inteligentemente hacia posiciones más centristas en asuntos como la política energética o militar.

Según un estudio de la misma revista, un cincuenta y tres por ciento de los ciudadanos guarda una buena opinión de ella (el nivel más alto en un hipotético candidato demócrata). Sin embargo, las opiniones desfavorables suben a un peligroso cuarenta y cuatro por ciento. En una hipotética contienda con John McCain (el candidato favorito en las líneas republicanas), Hillary sería también la candidata más bien situada, con solamente dos puntos de desventaja respecto al veterano e inteligente político de Arizona. En definitiva, una polaridad que la presenta como una buena líder con sólidas convicciones morales para el electorado demócrata y como una oportunista que cambia sus valores a voluntad a ojos republicanos.

Igualmente, Hillary está jugando sus cartas con inteligencia. Sin virar excesivamente a posiciones anti-bélicas, se ha distanciado de visiones como la de Joe Lieberman, recientemente derrotado en las primarias demócratas de Conneticut, unas elecciones expresamente marcadas por el conflicto en Irak. Por otro lado –en lo que toca al aborto- Hillary se ha alejado últimamente del problema de la legalización para recalcar la desgracia que representa esta práctica para cualquier mujer. Si comparamos su gestión en el senado, siendo menos liberal (en terminología yankee) que Kerry, lo ha sido más que algunos colegas ilustres demócratas como Joe Biden o Evan Bayh. Ejemplos, en definitiva, que marcan una voluntad conciliadora en un país últimamente marcado por el extremismo ideológico.

Pero Hillary, como es imaginable, no llega sola a la aventura. Le acompaña la sombra de un tal Bill Clinton, uno de los presidentes más polémicos de la historia del país; idolatrado en Europa, Clinton representa todo lo que la filosofía bushiana ha pretendido aniquilar. Evidentemente, George W. Bush (recuérdese un pasado de hígado más bien hinchado) no es nadie que pueda ir dando lecciones de buenas maneras. Pero –nos guste o no- la importancia de los valores morales (dicho en plata, religiosos) es hoy en día, en Norteamérica, mucho más determinante que hace seis años. Y Bill Clinton todavía es, en ese sentido, el mujeriego que llevó sus majaderías demasiado lejos.

Por otro lado, la sombra de Bill puede ser mucho más perniciosa; Bill Clinton es uno de esos políticos que puede hacer vibrar un auditorio con un par de frases (no es de extrañar que John Kerry apareciese pocas veces junto a él en su campaña electoral del 2004); es uno de esos divos a los que no se le puede pedir contención, del que no se puede esperar que se sitúe en un segundo plano. En ese sentido, un setenta por ciento de los americanos guardan todavía una buena impresión de su presidencia, un porcentaje que dobla la actual popularidad del presidente Bush. Hillary todavía no tiene ese carisma.

Igualmente, existe un fenómeno que el reportaje de la revista Time, sorprendentemente, no menciona. Evidentemente, y perdón por la perogrullada, Hillary es una mujer, la primera mujer que podría devenir presidenta de la mayor potencia del mundo. ¿Es eso un problema? Pues, seamos realistas, lo es. Y no solamente en lo que atañe al machismo de los hombres, cosa ya habitual. Muchas mujeres a las que pregunto habitualmente por Hillary alaban su gestión e inteligencia aunque –paradójicamente- no ven con buenos ojos que una mujer esté sentada en el despacho oval. Una vez más, y por desgracia, el machismo también es constante en las mujeres.

Sea como fuere, una hipotética contienda entre Hillary Clinton y John McCain me parecería de un calado político incontestable. Dos candidatos preparados, sólidos, moderados y con un nivel de gestión importante darían quizás a este país una credibilidad que –seamos honestos- se merece. Igualmente, y perdónenme la frivolidad, a servidor, el ver de consorte presidencial a un hombre que jugaba a los puritos habanos con sus becarias, le encantaría ¿Se imaginan?

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